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Colección Albor

A veces parece… – Waldylei Yépez

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013. A veces parece…. Colección Albor. Waldylei Yépez.doc

A veces parece como si la vida nos impusiera el que sólo debemos expresar nuestras alegrías. No sé si muchas personas estarán de acuerdo o no con eso, puesto que algunos tienen la posibilidad de expresar que están tristes, pero otros no… Parece mentira lo que digo, pero es cierto. Existimos personas que por dentro, en ciertas ocasiones, somos un mar de nostalgia y sollozos, pero no podemos gritarlo al mundo porque no faltará el que diga: “¡Pero no estés triste!” y compartirá una sonrisa que apenas alcanzará a ser una curita para la gran herida, pero no diremos eso sino que en su lugar le haremos creer que “ya estamos bien”. Sonreiremos y cuando nos den la espalda, la sonrisa fingida desaparecerá de nuestro rostro. El dolor nos hace ser hipócritas porque no queremos causarles lo mismo a los demás.

Presencio el cómo otros conversan animados, mientras miro hacia otro lado porque mis ojos se han enjugado. ¿La razón? Tú… Mejor dicho: tu ausencia. Quisiera conversar contigo de esa manera tan animada, quisiera formar parte activamente de esa conversación pero contigo, porque tu presencia es razón suficiente para hacerme sonreír y vivir este instante con alegría. Los días de fiesta, no son tal si no estás para vivirlos conmigo; otros bailan, sonríen y participan… yo apenas me quedo apartado en alguna mesa preguntándome qué estarás haciendo ahora, me siento solo…  me siento tan solo.

Espero, como cada día, el momento para conversar contigo. Me emociono al saber que te encontraré en minutos, porque nuestra cita de todas las noches es infaltable. Llega la hora. Enciendo mi computador e inicio sesión. El usuario y contraseña me conectarán contigo. He llegado antes, así que para esperarte me pondré hacer alguna cosa. Reviso un par de correos y me topó con nuestras fotos, las que sacamos la vez en que estuvimos juntos, entonces las miro y sonrío mientras me quedo soñando con esos momentos. ¡Llegaste! Corro a saludarte y apenas me hablas mi corazón palpita de emoción. Conversamos animados por horas hasta el momento de dormir, me despido con un beso imaginario, con uno de esos dibujos que llaman emoticones. Nos desconectamos y hasta allí llega mi sonrisa… la única forma de mantenerla, y a veces lo hago para sentirme acompañado, es seguir pensando en ti y no dejar de hacerlo hasta dormirme. Te extraño.

A veces parece que tu esencia se funde con la mía y que no importa el límite o la frontera, porque yo puedo estar contigo. Pareciera también como si todo el Universo se hubiese confabulado para que nosotros nos encontráramos, para que naciera este amor sin darnos cuenta. Este amor que no tiene lógica para unos cuantos; que algunos bendicen y que otros critican… Por ahí dicen que “el que vive de ilusiones muere de desengaños”, pero eso no es cierto para ti, pues eres más que eso que intentan tildar de “simple ilusión”. Pero, ¿Cómo una ilusión, que siempre las ilusiones son frágiles, puede aguantar tanto? Porque a veces pareciera que nos enfrentáramos al mundo en pleno, porque es tan cruel esto de separarme de ti cuando más feliz me siento, porque no es sólo desconectarse de esa sesión que me acerca a ti, es verte o verme partir en ese avión que al mismo tiempo que nos une, pues nos separa… Volver a separarme de ti hasta Dios sabe cuándo, porque lo único que me queda es la incertidumbre del no saber nada. “Parece difícil” pensarán ¿no? No sólo parece, sino que lo es… No puedo preguntarte si querrías salir a pasear este fin de semana, no puedo tomar un taxi y llegar hasta tu casa, pero puedo amarte como a nadie y con eso me basta, aunque no niego que a veces esta realidad me destroza el alma, y como si esto no fuera suficiente llega aquel que me critica intentando minimizar lo que siento, rebajando mi amor a tan siquiera una ilusión sin pensar a detenerse en todo esto…

A veces parece que la vida nos pone pruebas, pruebas que hemos afrontado y logrado superar. Y hay veces que me quedo pensando en si era mucho pedirle a la vida que viviéramos en la misma ciudad, pues al menos yo podría llamarte y podría buscarte. En alguna ocasión, sentí tantas ganas de correr a ti que, quizás por tres segundos, me olvidé de todo y pensé en buscar dinero para el taxi porque yo quería verte, si tan sólo aquello hubiese perdurado un par de segundos más, yo habría llegado a la puerta para salir de mi casa… pero hubiese sido mucho más feo retornar a la realidad justo cuando pusiera la llave para salir.

En otra ocasión, mientras te veía en mi pantalla, alzaste los brazos como si quisieras abrazarme y volví a olvidar mi realidad, casi alzo mis brazos en tu busca, cuando me di cuenta me congelé por completo y sentí cómo un puñal me atravesaba… A veces escapar de la realidad y regresar puede ser tan terrible. Imagina amar a alguien y no saber cuándo ni cómo harás para verle de nuevo, parece difícil… yo te aseguro que lo es, créeme que es una gran prueba de la vida… Y aún así dicen, o dan a entender, que no es posible o que lo que siento es una ilusión. ¿Qué saben de la vida? ¿Qué saben del amor? Si no saben que el amor puede crear milagros, no saben nada del amor.
A veces parece que estoy solo frente al computador, que no hago otra cosa que teclear y una pantalla me muestra aquello que tecleo.
A veces parece que estás a miles de kilómetros lejos de mí, cuando en verdad estás aquí.
A veces parece como que quizás no seas tan indispensable, cuando en verdad si me alejo enfermo de dolor, dolor que sin ti es perdurable.
A veces parece que le hablo a una máquina, pero en verdad ella es sólo el medio con el cual le hablo a tu mente y emociones.
A veces parece que te extraño, pero no es a veces sino que todo el tiempo: yo te extraño.

Pero sobre todo, y a unos cientos o miles de kilómetros, aunque sólo a los demás les parezca, es verdad cuando digo:

Yo te amo.

A veces parece… pero no es que parece, sino que es así… Yo te amo a ti, a pesar de los miles de kilómetros: Yo te amo a ti.

13/08/2010 03:19 p.m. – 05:14 p.m. – 09:20 p.m.

Waldylei Yépez

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Mi felicidad imaginada – Waldylei Yépez

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012. Mi felicidad imaginada. Colección Albor. Waldylei Yépez.doc

Hay muchas cosas que quisiera conversar contigo. Permíteme hacerlo de esta manera, permíteme conversar conmigo… para llegar a ti. Muchos intentos fallidos de comunicación he hecho, y no porque nos cueste conversar sino porque no hay una oportunidad para hacerlo. Me quedo pensando en quienes sí tienen la posibilidad de platicar todo el día si quisieran y no lo hacen, y yo que quiero no puedo.

Eres mi felicidad imaginada, no sólo porque representas la felicidad que imagino sino porque tengo que valerme de la imaginación para sentirme feliz, porque ser feliz es estar contigo, y estar contigo es… imaginar, imaginarlo.

Me pregunto dónde estás, en qué caminos dejan huellas tus zapatos, si sonríes al recordarme. Me pregunto qué lugares visitaste, si almorzaste temprano o más tarde, me pregunto tantas cosas que sólo puedo imaginarme.

Permíteme creer la mentira que prefiere mi cabeza, así puedo mirarte y no sentirte tan distante; para no sentirme tan vacía al ver que a mi alrededor no puedo hallarte.

Eres la luz que ilumina mi camino, aquella que ilumina pero que está a años luz de distancia. No, que no sea años luz, ni meses, ni días… No, eso me separa de mi felicidad, por eso no quiero enfrentar la realidad, darme cuenta que no estoy y que no estás.

Mi felicidad imaginada, porque sólo imaginando puedo ser feliz… Sólo imaginando logro hablar contigo cada vez que quiero. También logro aferrarme en un abrazo cada vez que puedo. Y logro sentirte cada vez que necesito, pero sólo así porque en verdad, no estoy ni estás conmigo.

Y me imagino a tu lado, mirándote con cara de ternura y amando cada fracción de tu rostro, el timbre de tu voz. Puedo vigilar cada movimiento, estar atenta a cada mirada y reacción… entonces sé que estoy contigo y que estás conmigo, aunque sea imaginando.

Callas y me miras, sonríes y genera una gran emoción en mí, me encanta tanto verte sonreír. No digo nada, quiero eternizar el momento pero despierto, una voz, un alguien o algo presente y real me arrebata la imagen, el pensamiento. Y descubro que no eres como ellos: alguien presente y real, sólo estás viviendo en mi mirar y en mi soñar. Respiro, retomo el pensamiento y allí estás de nuevo. Sonrío y nadie sabe por qué, nadie sabe que me hace sonreír tu sonrisa, que me hace soñar tu mirada, que eres más importante que el resto del mundo, que eres el centro de mi Universo.

Eres mi felicidad imaginada, necesito decírtelo. Necesito conversar contigo de alguna manera, así sea hablar conmigo misma y jamás tener tu respuesta. Es mejor hablarte imaginadamente de mi amor, que callarme esto que soy: quien te ama en pensamientos, quien a ti regala su corazón.

Posiblemente seguiré imaginándote, quizás mucho tiempo más, pero quiero decirte que eres el pensamiento fundamental en mi vida, y que si no te imaginara no sería tan feliz como hoy en día, aunque sea imaginativamente.

Eres mi felicidad imaginada,
no sólo porque representas la felicidad que imagino
sino porque tengo que valerme de la imaginación para sentirme feliz,
porque ser feliz es estar contigo, y estar contigo es…
imaginar…
… imaginarlo.
Tú, mi felicidad imaginada. Mi realidad… aún no hallada.

24/07/2010 08:01 p.m.

Waldylei Yépez
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Tú, Dios y yo – Waldylei Yépez

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011. Tú, Dios y yo. Colección Albor. Waldylei Yépez.docx

En esta noche triste y fría, cuando sentimientos tan profundos me embargan, quisiera volver a escribirte… Sé que dije, la vez pasada, que no volverías a saber de mí, que no volvería a molestarte y en cierta forma lo he cumplido. Sí, tú no sabrás de mí y no volveré a tu vida, pero eso no quiere decir que tú no vuelvas a la mía. De hecho, estás tan presente que dudo que alguna vez, dejé de tenerte dentro de mí.

Me siento en este piso frío y envuelta por luces tenues, apenas logro ver mis letras en este papel mientras mi piel sufre, pues no quiero abrigarme. Hay tanto que quisiera decirte y que no puedo, por eso necesito un intermediario y ése será mi Dios. Sé que él sí puede llegar a donde estás, sé que puede abrigarte… sé que él puede, lo que yo no.

Y así comienzo mi conversación con Dios. No es un rezo, porque olvidé cómo rezar. De niña sabía hacerlo, pero la adultez me sugirió olvidarlo y lo olvidé. Ahora tan sólo sé, hablar con Dios.

Ay querido Dios, siéntate conmigo, ahora necesito un poco de tu tiempo y de tu consuelo. El piso está frío y la noche mucho más. Más helado se pone todo cuando dejas de prestarle atención a las cosas cotidianas que causan estrés, y te centras a pensar en las escenas tristes de la vida, aquellas que desearías que no hubiesen ocurrido jamás.

Hace mucho tiempo, amigo Dios, conocí a una persona maravillosa y única. Se ganó un pedacito de mi corazón y de mi cariño; un puesto muy importante en mi vida; más de algún pensamiento al día, sencillamente le mantuve presente… le mantengo presente. Nos despedimos hace mucho, y sé que tuve culpa, no sé si toda la culpa pero sí fui responsable. ¿Y sabes qué Dios? Le extraño. No sé si valga la pena decirle, mejor no le digas eso. Quizás ya me ha olvidado, aunque yo no lo he podido hacer. Es posible que ya no le importe nada de mí, ¡Y debieras decirle que ya no me importa nada de su persona! Pero es mentira… y Dios no puede mentir ¿verdad? Entonces, si no puedes mentir y a la vez sabes todo, podrás decirme si de su parte ya me echo al olvido… No, mejor no me digas, no quiero saber. No sé si sería peor eso, o las ganas de llorar que me da el recordarle con nostalgia. Le quiero. Pero, ¡no le vayas a decir eso! Quizás no le importe, es posible que hasta se burle de mí, jamás creería que en la distancia me importa tanto, que sigo sus pasos a donde va tan sólo para tener evidencia de que está bien. A veces me hace mal, prestarle toda mi atención y jamás poder hablarle…

¿Sabes Dios? A veces me gustaría pedirle perdón, siento que le fallé y no sé cuánto. Pero tal vez me diga que no importa, y quizás yo sienta que todo este sufrimiento ha sido en vano, o es posible que tan sólo me diga eso porque no le interesa el asunto; porque ya no soy importante; para cortar la conversación simplemente.

Le admiro. Por una y mil razones que quizás no entenderías Dios, pero sí te puedo decir que me enseñó a volar cuando había olvidado que tenía alas, y fue una pieza indispensable en el proceso que tuve acerca de la búsqueda de un propósito; me enseñó a entender las cosas que no entendía, guiándome con cariño… Sí Dios, te hablo de alguien importante para mí, pero quizás de alguien que ya me olvidó. Es grande el dolor que siento al pensar que debo hacerme a la idea de esa realidad. No sé cómo soltar lo único que queda de esa persona, porque aunque sea dolor, tal vez prefiero eso a tener que olvidarle.

¿Puedo abrazarte un poco Dios? Me siento tan vulnerable. Disculpa que me emocione, yo… nada, no importa, nada de lo que diga es importante… Y disculpa pues manché la túnica de Dios con las lágrimas de mi alma. He llorado tanto por esto, que no sé si vale la pena o sólo fui una ilusa de la vida.

Dios, sé que te llamé para que fueses mi intermediario, pero creo que ya no es necesario. Presiento que ninguna de mis palabras tendrá la menor importancia, y no quiero que sean tratadas como una mentira, no quiero que se piense que digo esto tan sólo por decirlo, y que Dios fue tan infame que se prestó para comunicar una mentira, mi mentira. Tú y yo sabemos la verdad Dios, pero vamos a evitar más capítulos tristes, es lo mejor. Así que, puedes volver a tu trabajo Dios, ya no ocuparé más tu tiempo. Pero no te olvides de visitarme después, ya no será para enviarte con un mensaje, sino para que me ayudes asimilar este dolor o quizás para hacerme compañía entre tanta soledad.

Gracias por venir.

Mi Dios es alguien que no mentiría.
Tú, una persona importante en mi vida.
Yo, quizás el recuerdo que dejaste atrás,
atrás, allá atrás… para no volver jamás.
Nunca más.

02/07/2010 8:59 p.m. – 9:05 p.m.

Waldylei Yépez
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Madre – Waldylei Yépez

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010. Madre. Colección Albor. Waldylei Yépez.doc

Por y para dos madres maravillosas: Olga y María Inés.

Si algo maravilloso caracteriza a la vida es que existen cosas inexplicables, cosas a las cuales no les encontrarás respuesta y otras tantas que ni siquiera podrás describir con palabras. Una de esas cosas majestuosas es el Amor, con el cual las palabras sobran y al mismo tiempo faltan, porque no hay manera de llevar a palabras aquello que corresponde sentir a través de las emociones. Otra de las cosas indescriptibles es la Madre y no porque no sepamos lo que es, sino que es tan grande que cualquier cosa que podamos decir siempre será incompleta, pueden ser millones de palabras las que escribas o digas y aún así sólo las emociones comprenden a cabalidad lo que la Madre significa, nunca las palabras.

Próximamente será el Día de la Madre, para algunos no pasa de ser un día comercial donde los medios de comunicación te dicen que si quieres de verdad a tu mamá debes demostrárselo comprándole un juego de vajillas, una nevera o cocina nueva. Y sí, bajo la perspectiva de labores en el hogar seguro que le será de utilidad, pero ¿Eso es todo? Para algunos otros este día significa darle una tarjeta a la madre, donde se le desee feliz día y al final la firma de quien la obsequia; para otros se entiende que es el día en que visitarás la casa materna para comer en familia, y con ello celebrar. Sin embargo, más allá de la ropa, las sandalias, las vajillas, las tarjetas y la visita, ¿Qué es lo que significa este día? El significado de las cosas siempre es subjetivo, significa lo que cada quien considere que significa, que posiblemente no es lo que debería significar, pero incluso esta comparación es subjetiva porque depende de cada persona (perspectiva, personalidad, entorno). Entonces como todo significado es subjetivo, yo daré mi propia opinión que puede ser distinta a la de usted señor lector.

Como preámbulo me gustaría comentar específicamente sobre la Madre. En primera si nuestra Madre no existiera, ni usted ni yo estaríamos encontrándonos en esta conversación ahora, simple y sencillamente porque no existiríamos. Hemos nacido de la “combinación” de dos personas, donde una de ellas es apta para conservarnos en su interior y permitir con ello nuestra formación física. Esa persona cedió, amablemente y por amor, su cuerpo para que el nuestro pudiera crearse al paso de los meses. Permitió que usted y yo tuviéramos cerebro, extremidades y corazón; actualmente se habla mucho del derecho que tiene la mujer sobre su cuerpo, y que por ello ella tiene la capacidad de decidir si le da o no la oportunidad de nacer a la personita que lleva dentro. Si usted está leyendo y yo escribiendo, entonces agradezcamos que nuestras madres decidieran darnos la oportunidad de vivir este instante ahora. No solamente porque tomaran una decisión, sino porque gracias a su cuerpo: nosotros tenemos el nuestro. Gracias a los cuidados que ella se dio así misma, como una buena alimentación, fue que su proceso de gestación concluyó satisfactoriamente, y que dicho proceso fuera satisfactorio es que nosotros tenemos lo que tenemos: la vida.

Pasamos entonces a la etapa donde se nace, donde se es pequeño y vulnerable, donde una simple gripe se puede convertir en un grave problema pulmonar que acabaría con la pequeña vida, pero entonces llega el ángel guardián llamada Madre, quien se desespera por hacer algo para curarte. Te da remedios, te baña, te viste… cuida de ti, no le importa levantarse tres mil veces por noche, su prioridad es saber que tú estás bien, y si es de hacer sacrificios pues se hace sin pensar que lo son. Y así pasan los años y siempre eres la prioridad para ella, si no hay dinero para darte tu leche entonces se hace lo necesario, hasta se pide prestado o ella misma deja de comer para dártelo a ti. Se presentan las preocupaciones porque hay que comprarte un uniforme, los zapatos, los útiles escolares, los juguetes,… Posteriormente será el celular, el computador, los objetos de moda. Si el hijo lo quiere o lo necesita entonces se hace el sacrificio de conseguirlo. Y si ella se compra algo para ella, como un televisor, un celular o un computador nuevo, pero el hijo lo quiere usar entonces ella se lo cederá incluso hasta decirle que lo deje para él así a ella le guste mucho, pero como el hijo es lo más importante ella nunca le negará algo que puede darle y mucho menos si lo tiene a la mano. El hijo puede acabar el saldo del teléfono celular una y otra vez, y aunque ella pueda hacer un comentario al respecto, jamás le negará el celular aunque sepa que se gastará todo el dinero. Si el hijo necesita algún dinero, ella no mirará a los lados sino que se lo prestará de inmediato si existe la posibilidad. Cocinará para él lo que más le gusta, seguirá comprándole cosas… Sencillamente no dejará de ser su niño, aunque sea todo un adulto, para ella. Se preocupará cuando llegue tarde a casa, llorará si no sabe nada de él, se quedará callada incluso cuando él le diga cosas feas, y a pesar de todo siempre perdonará cualquier ofensa. La Madre es generosa con sus hijos.

Tristemente la reciprocidad en el trato no se cumple siempre, y muy a pesar de que el hijo le deba su vida a la Madre (que ella haya hecho tanto o haga tanto por él) puede actuar con mucha ingratitud. Así vemos hijos que no hablan a su madre, sino que le gritan. Que se sirven de ella, pero no le sirven a ella. Que son capaces de gastar el saldo del celular, pero jamás prestarle un mensaje del de ellos. Que esperan que toda la ropa esté limpia, porque si ella aún no lava es inaceptable. Que no les importa llegar tarde a casa aunque ella se preocupe, es problema de ella si se queda despierta pues él no tiene la culpa de su decisión. Que le piden dinero “prestado” a la madre, pero jamás se acuerdan que era prestado entonces o hacen mucho rollo para devolverle el dinero o simplemente no lo hacen, total no estamos hablando de un tercero sino de la madre y ella no los va demandar o algo así ¿verdad? Y llega la época del noviazgo, la pareja sube de prioridad y la madre queda después, al punto que la palabra del novio o novia tiene más peso que la palabra de la persona que te da la vida. Y los amigos también suben de prioridad, de allí parte que se es más generoso con ellos que con la progenitora, claro los amigos hay que mantenerlos porque se pueden ir pero la madre siempre va estar, así que no hay por qué preocuparse tanto de ella ¿verdad? Después del noviazgo llega el matrimonio, hay que hacer vida de pareja y visitar la casa materna muy de vez en cuando porque hay tantas cosas por hacer que ya no me queda tiempo. Ya no tengo tiempo para la persona que siempre me cedió el suyo. Y aquí es cuando el Día de la Madre queda como el compromiso, ese día hay que acordarse de que tenemos una Madre, quizás no lo recordamos el resto del año pero no hay problema porque gracias a Dios el calendario tiene un día para ello. “¿Dices que yo no me acuerdo de mi madre? ¡Mentira! ¡Yo siempre la visito en su día! ¿Qué mejor regalo que una vajilla nueva? ¿O una nevera?” Pero resulta que en alguna ocasión su mejor regalo fuiste tú, de hecho sigues siendo tú a pesar de tus gritos, de tus respuestas inapropiadas, de tu ingratitud, de tu indiferencia, de tu decisión de poner a otros por sobre ella, de que la visita que le prometiste no la cumpliste, de que te llevaras a tu casa el televisor que había comprado para ella, de que le dejaras una gran deuda en el teléfono, que nunca le hayas devuelto un dinero, que nunca te diera ganas de llevarla a algún sitio a pesar de que tenías un auto y todo lo demás que ella te perdonó, cosas de las cuales ya se olvidó, esas mismas cosas que jamás te va reprochar porque siendo tú su hijo no lo verá como una falta. Sin embargo, lo mismo no pasa contigo y comienzas a enumerar las cosas que “mi mamá no debió hacer”.

Madre es Amor, todos los días son para vivir el Amor y, por tanto, todos los días deberíamos acordarnos de nuestra Madre, lo que ella hizo y sigue haciendo por nosotros. No se trata de un día de un calendario, porque el calendario no se va acordar de lo que ha hecho ella. No se trata de un objeto material, porque lo que le debemos no tiene precio alguno. Un regalo no está de más, pero eso no lo es todo. Y un día del año no es suficiente para quien nos ha regalado todo su tiempo. En eso deberíamos sentarnos a pensar.

Recordemos una cosa más, nuestros hijos aprenderán de nuestras acciones, por ello si somos ingratos con nuestros padres, ellos lo serán con nosotros después y recogeremos lo que habremos sembrado.

Sepamos sembrar entonces y disfrutemos de este hermoso día, porque el día de la madre es el día que hemos llegado a la vida. Gracias Madre por darme la oportunidad de vivirla. ¡Feliz Día!

08/05/2010 10:42 p.m.

Waldylei Yépez
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Carta a mi suegra – Waldylei Yépez

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009. Carta a mi suegra. Colección Albor. Waldylei Yépez.doc

“A veces suceden cosas extrañas, fuera de lo ordinario, que producen bruscos movimientos en nuestra vida abriendo así la posibilidad de cambiar el parecer que ya tenemos sobre el mundo. Por supuesto, esto depende de la decisión que tomemos, ya que al final sólo nosotros podemos elegir lo que es mejor para nosotros mismos. Aprender siempre es una opción, podemos tomarla o no.”

Terminaba de escribir esas líneas cuando se aparece ante mí una chica de veintitantos años. Se presenta y me pregunta si yo soy “la chica que escribe”. Le contesté en tono de broma que a veces escribía, sobre todo cuando me veía obligada ante los exámenes de la Facultad y reí. Entonces me mostró unas impresiones que había hecho, me preguntó si era la autora y asentí.

- He estado buscándote… -. Me dijo.

Me preguntó si tenía tiempo para platicar y le dije que sí. Se sentó entonces a mi lado, pero en ese sitio no había banquitos así que terminamos ambas sentadas en el piso.

- ¿Cómo hiciste para encontrarme? -. Pregunté.

- No me fue fácil, pero digamos que seguí muchas “señales” que me trajeron a esta Facultad -.

Yo no sabía qué pensar.

- Vine hasta aquí porque necesito tu opinión acerca de algo que es importante actualmente para mí -.

- ¿De qué se trata? -.

- Quiero contarte una historia… -. Comencé a escucharle atentamente. – Hace unos años atrás, en mi último año de secundaria, conocí a una muchacha que para efectos de esta conversación llamaré Carla. Ella se veía muy buena persona, con aires de ingenuidad, y además muy inteligente. Trabajamos juntas en muchas ocasiones ese último año, y cierto día estando trabajando en mi casa conoció a mi hermano Anselmo. Ambos se hicieron amigos y terminaron enamorados, después se hicieron novios a escondidas. Siempre me mantuve al margen de las cosas. Más que una amiga para Carla, yo siempre fui su compañera de clases y jamás le hablé a él de ella o viceversa, mi pensamiento era de dejar que ellos vivieran su noviazgo y yo totalmente apartada del asunto. Ella se ilusionó tanto con él que planeó un futuro a su lado incluso, aún siendo menor de edad. Creo que la chica aún creía en príncipes azules. Lo que ella no sabía era que mi hermano se iría a otra ciudad a estudiar su carrera, y tampoco sabía la clase de arpía que quería tener como suegra…-.

- ¿Arpía? ¿Hablas de tu madre? -.

- Sí, hablo de mi madre -. Quedé totalmente desconcertada. – Ella no iba permitir que por nada del mundo su hijito se enredara con cualquier “ofrecida”, porque él tenía un “futuro prometedor” y toda mujer que pudiera encontrar seguro sería una “regalada” sin valor. De alguna manera, ella supo que Carla y Anselmo se veían, y aunque ya sabía que ella era mi compañera de clases, al enterarse de su interés por Anselmo la etiquetó de “loca” (regalada) y en su “enemiga”. No iba permitir que “esa mujer” dañara el futuro de su querido hijo -.

- Ehmm, no es por nada… pero tu mamá es una mujer un tanto “especial”…-.

- Muy “especial”… Llegó a convencer a Anselmo para que se fuera antes, meses antes de comenzar su carrera, con tal de que no viera a Carla… -.

- Espera, espera… -. Le dije. – ¿Por qué me cuentas estas cosas a mí? Apenas llevo minutos viéndote y me cuentas toda una vida… ¿Por qué yo? Me desconcierta totalmente. No sé, tengo la impresión de que estas cosas sólo las dices a las personas de más confianza, no a la primera que vez en la calle. No dices hola qué tal, para luego contar toda la tragedia de una vida…-. Aquello me parecía una exposición demasiado violenta de información que a mí no me competía saber.

- Tú misma has dicho que a veces necesitamos de un desconocido con quién desahogarnos, alguien que no nos conozca para poder comentar todo sabiendo que esta persona en verdad no sabe exactamente de quién hablamos, no emitirá un juicio, ni siquiera conocerá los rostros… -. Con esas palabras me calló totalmente, al menos ya sabía que sí había leído alguna publicación.

- Está bien, continúa… -. Asintió.

- No lo dejó tan siquiera despedirse de ella, temía que “esa mujer” pudiera “engatusarlo” y hacer que él “renunciara a su futuro”. Hay que admitir que él era incapaz de enfrentarse a su madre, y seguía sus órdenes sin poner trabas. El día después que Anselmo se fue (o que ella hizo que se fuera), Carla llegó a mi casa toda sonriente y yo la atendí, no sabía cómo decirle que Anselmo se había ido a otra ciudad. Con un aire de ingenuidad me preguntó que si mi madre estaba en casa, yo me extrañé y pensaba: “Si la conocieras de verdad, ni preguntarías por ella”. Me dijo: “le escribí una carta a mi suegra”. Por dentro pensaba: “¿Suegra? Si esa mujer no te puede ver ni en pintura”. Aún recuerdo cuán animada estaba, después sacó la carta y me la leyó porque quería mi opinión sobre ella. Intenté advertirle sobre mi madre, pero precisamente iba saliendo y se encontraron en la puerta. Carla intentó saludarla con una sonrisa, y ella “se la comió viva” diciéndole tantas cosas empezando por su culpabilidad al querer “perjudicar a su hijo” hasta llamarla “loca”. La insultó bastante feo y la pobre salió corriendo, me quedé reclamándole a mi madre el que no tenía derecho a decirle esas cosas a esa pobre muchacha. Cruzamos algunas palabras y me fui corriendo por la misma vía de escape de Carla, al doblar la esquina la vi parada cerca de un basurero y estaba quemando la carta que iba destinada a “su suegra”, la miraba consumirse poco a poco hasta que lanzó el papel en llamas al piso donde terminó de quemarse y prosiguió su camino. Decidí no seguirla, la pobre ya tenía bastante con la insultada que se había llevado y saber que mi hermano se había ido, porque mi madre se lo dijo a gritos. No volví a saber de ella -.

- Qué triste y qué rabia con tu mamá, ¿Cómo es posible que se haya comportado de esa manera? Es totalmente reprochable -.

- Lo es. Aún pienso en Carla y me da tristeza, ella iba con la mejor de las intenciones y se consiguió a una arpía… -.

- Sí. Ahora, yo no podría decir nada al respecto, además son cosas que pasaron hace años ¿no? -.

- Sí, sí. Hace algunos años, pero el asunto que me trae a ti no es la situación tan terrible que protagonizaron estas personas, sino la carta de Carla…-.

- ¿Y eso qué tiene que ver conmigo? -.

- Resulta que ese día antes de salir a recibirla yo estaba estudiando unas cosas de un curso, como a mí me cuesta mucho retener las clases teóricas me valía de una grabadora para grabar toda la clase y después escucharla una y otra vez. Ese día yo llevaba mi grabadora en la mano, y no sé cómo pero puse a grabar instantes antes de que Carla comenzara a leer y terminó a la mitad de los insultos de mi madre. Me di cuenta horas después, y al escuchar la carta una y otra vez me dio mucha rabia al punto de que busqué a mi madre y molesta la obligué a escuchar la carta, y después la hice responsable de amargar a una chica idealista, porque con su actitud lo único que había conseguido es que Carla se decepcionara de esa visión bonita que tenía. La he culpado todos estos años de ello. Necesito que escuches la carta, después de tanto tiempo aún la llevo conmigo… -. Buscó la grabadora y la hizo andar, me pidió escuchar con atención.

Al acabar de escuchar no hice comentario alguno.

- Todos estos años me he preguntado una y otra vez si Carla seguía siendo así, o se habría decepcionado tanto hasta convertirse en una arpía como “su suegra”. Porque, lamentablemente, tendemos a cerrarnos cuando nos vemos heridos por culpa de nuestra ingenuidad. Comenzamos a ver culpables en todos lados, nos volvemos “realistas” y contemplamos al mundo con su cruda realidad, el idealismo se acaba, la ilusión se convierte en desilusión. Me pregunto si Carla encontró a esa suegra que tanto quería, o si la descarga de mi madre dañó la figura de que “la buena suegra sí existe”. Me he hecho tantas preguntas…-.

- A menos que sea Carla quien responda, no tendremos certeza de qué fue lo que pasó en realidad…-.

- Eso es cierto. ¿Sabes? Yo siempre fui de ser “realista” ante las cosas, el príncipe azul no existe y mucho menos la suegra que es buena. He tenido muchos problemas con la mía, es una arpía igual que mi madre porque aún es así con su nuera actual, porque mi hermano se enamoró en esa otra ciudad e incluso se casó y cada vez que puede mi madre “se la come viva” diciéndole un montón de cosas, o habla de ella a sus espaldas con sus amigas… Y es probable que lo mismo me pase a mí, que mi propia suegra hable a mis espaldas y eso es terrible… Creo que, a pesar de todo, alguien debe ser diferente en este mundo, Carla lo era al menos. Me niego a pensar que era la única… ¿Tú qué crees? ¿Te has encontrado con una persona así? -.

- Yo no puedo saber cómo es cada persona en el mundo, pero si Carla era así es probable que otras personas, aunque sea un poquito, lo hayan sido o lo sean. Creo que aún los idealistas existen… o por lo menos, quiero creerlo…-.

- ¿Puedo hacerte una petición? -.

- Dime -.

- Publica la carta de Carla, intenta que la gente vea cómo era. Yo no sé si aún es así, pero al menos lo fue. Quizás algunos se burlen, pero si existen personas que fueron o son así, a ellas les llegará su carta. Tal vez muy en el fondo de mi ser se guarde un poquito de eso, probablemente por ello guardé esta grabación tantos años. Y así, aunque no exista nadie más como Carla, al menos espero que un día ella sepa que yo la mantuve presente, y que sus palabras son el único hilo que me queda del idealismo que casi se perdió en mí. Que me aferro a sus palabras para seguir creyendo. Dile eso, por favor -.

Asentí y la chica se levantó de su asiento. Me extendió su mano y se retiró. Me quedé con una extraña sensación pero cumpliría con mi palabra. He aquí la carta a mi suegra:

Querida suegra,

En primera me gustaría decirle que lo de “querida” es muy real, que no se trata de un formalismo cínico o por intentar ser diplomática, que no se trata de que tan sólo pongo esa palabra para que esta carta se vea “más adornada”. La belleza de una carta reside en sus sencillas palabras que han salido del corazón… la presente, ha salido de mi corazón ¿Cursi? Posiblemente, pero así soy.

Nunca antes me había enterado de que alguien le escribiera a su suegra, quizás muchas personas han escrito una carta como ésta y después la han guardado.

¿Por qué una carta? Porque no encuentro otra manera de conversar con usted por ahora, pero me gusta pensar en el momento en que ambas podamos sentarnos hablar como amigas. Sí, como amigas. Y no de esas amigas en palabras, que no están cuando uno más las necesita sino de las buenas amigas que sí se encuentran.

Amigas, pero no una amistad condicionada o condenada acabar cuando mi relación con su hijo acabe, de ser ése el caso. Porque aunque yo hoy quisiera una relación perdurable, y esté comprometida a ello, su hijo sigue siendo libre para decidir cuál es su felicidad y con quién. Si comenzamos condicionando hoy nuestra amistad, no sería una amistad real. Comúnmente a una amiga no se le habla en términos de usted, sino que se tutea, yo preferiría seguir con el usted porque es lo que me nace hacer, es muestra de mi profundo respeto y consideración. Admiro su fuerza y fortaleza de madre, admiro a las madres que como usted dan todo de sí por sus hijos. Desearía tener su temple cuando a mí me corresponda ejercer ese papel. Desearía estar cerca para observar y aprender de esos rasgos que le caracterizan, y de los cuales yo carezco porque aunque no deseo cambiar mi personalidad que es propia, también es cierto que puedo tomar actitudes que me convertirían en un ser más completo, porque la vida es un constante aprendizaje.

Me gustaría conversar y pedirle flexibilidad, porque aunque seamos amigas no somos iguales, por ello no cocinaré, no lavaré ni plancharé como usted lo haría para su hijo, pero eso tampoco implica que haga todo mal. Por el contrario, más que una critica destructiva, lo que necesito es de su enseñanza, de su buena voluntad y sé que siendo amigas eso se puede lograr, porque las amigas se comprenden. Lo que corresponde al cariño es cariño, a la buena voluntad es buena voluntad y al respeto el mismo respeto. Siendo buenas amigas, sabríamos estas cosas sin siquiera decirlas muchas veces.

Un deseo probablemente demasiado idealista, es que mi suegra me vea como una hija. No le pediré eso, puesto que no lo soy. Pedirle ese nivel de comprensión está fuera de lugar, sin embargo, no miento al decir que el respeto hacia usted es el mismo que siento hacia mi madre. Es verdad lo que escribo.

¿Cómo ser grandes amigas si aún hay mucho que conocer? Eso lo sé perfectamente, no es mi intención presentarme hoy con esta carta y pensar que ya somos las más grandes amigas, mi objetivo es decirle que tengo toda la disposición, que allí está mi mano tendida en señal de amistad que se verá fortalecida en el tiempo, si así ha de ser, a través de la interacción constante. Es por medio del compartir que conocemos a las personas.

No pido una plena confianza, eso es algo que se gana con el tiempo, pero sí pido un voto de confianza que me permita demostrar lo que soy en verdad. Pido no evaluar con premura porque la prisa nos hace equivocarnos, y las amigas se hieren cuando se dicen cosas feas de las cuales se pueden arrepentir luego y este mensaje también va para mí.

Mi poca experiencia de vida y mi falta de conocimiento no me dejan ver ni comprender muchas cosas que es probable usted sí sepa, como aprendiz podría presenciar esas clases sobre la vida y no habría tanta cosa que criticarme, por el contrario, hay mucho que enseñar.

Con tristeza he visto escenas de suegras y nueras que se pelean, se tratan con cinismo, se saludan casi “con el beso de Judas” porque ambas ni se pasan… Eso no lo quiero para nosotras, para mí es muy importante una buena relación con usted, indispensable.

Amo a su hijo y lo respeto mucho, esto también es verdad.

Ahora mi pregunta es: ¿A usted le gustaría ser mi amiga? Sabré esperar por su respuesta.

Con cariño, su nuera.

05/05/2010 06:36 p.m. – 06:58 p.m. – 08:04 p.m.

Waldylei Yépez
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